El final de Rebobine, por favor: a algunos les parecerá blandengue, dulzón, sentimentaloide y empalagosamente hollywoodense; a otros muy Frank Capra, con todo lo absurdo y arcaico que son los happy ends hiper-optimistas a lo Capra tras la perdida de la inocencia de la platea ¡después de la IIGM!; y los más positivos verán esa resolución como una clave para interpretar la película como lo que tendría que ser hoy un film de los que no eran de animación Walt Disney.

Para mí, en ese final hay algo que es ni más ni menos que el futuro del cine. Como suena. Aunque debo decir que hago trampas. Porque yo me refiero a una leyenda que aparece en los créditos y que, yo al menos, no ha había visto nunca antes en mi vida en una película. Un rótulo redirige a loa espectadores a la web de la película (www.bekindmovie.com: una extraordinaria y súper-imaginativa versión “suecada” de Google) si quieren ver enteras todas las películas caseras que ruedan en la ficción Mos Def y Jack Black y en el film de Gondry sólo aparecen insinuadas. Me parece que es una manera muy inteligente y creativa de prorrogar la vida de una película, de añadir aledaños a una obra con unos excedentes complementarios que, hasta ahora, había que esperar a la edición de luxe en DVD para poder gozar.
Una vez dentro de www.bekindmovie.com, uno advierte que la película no sólo tiene este epílogo on-line generado por los propios autores de la obra sino que también incluye otras aplicaciones que convierten Rebobine, por favor en un tapiz que se dispara en muchas direcciones, que diría Vila-Matas. Se trata de una invitación on-line a que cualquier visitante haga su propia versión “suecada” de su película preferida y la cuelgue en la Red. De manera que el elogio al amateurismo de la obra de Gondry se ha extendido de manera viral, YouTube mediante.
Gracias a este gancho interactivo, el mensaje de la película se ha enriquecido más allá de ella: la magia de las filmaciones artesanales de la cámara de vídeo doméstica de hace año es la misma magia de los vídeos caseros de YouTube. Todo parece haber cambiado, pero todo sigue igual. La tecnología es otra, pero el discurso de fondo es el mismo: “tú también puedes hacerlo”.

Hay que decir que cada vez hay más webs de películas que, con fines algunos más promocionales que otros, incluyen aplicaciones orientadas a la interactividad del espectador. Lo han hecho Spielberg-Lucas con la página del nuevo Indiana Jones en la que permiten jugar con el tráiler, también Will Ferrell en su nueva gamberrada, Semi-Pro, deja que seas tú mismo el que haga clip de la BSO, o Garth Jennings te deja los mimbres para que versionees Rambo a propósito de su nueva película Son of Rambow. El rol del espectador de cine, gracias a esta vida online más allá de la pantalla de la sala, vuelve a ser activo.













